21 ejes verdes y plazas para el Eixample

Barcelona hará la transformación más radical del Eixample desde el pla Cerdà. Las obras del nuevo proyecto del distrito, que contará con 21 ejes verdes y 21 plazas nuevas, empezarán el primer trimestre del 2022.

Si hasta ahora los modelos de supermanzanas se había hecho actuando en ámbitos delimitados, como manchitas en el mapa, el Ayuntamiento de Barcelona quiere dar un salto cualitativo y quiere que los cambios que se hagan en los barrios de cara al futuro sean estructurales para tener una ciudad “más próxima, saludable, sostenible, segura y humana”.

Ahora que las supermanzanas del Poblenou, Sant Antoni y Horta “son experiencias consolidadas y bien valoradas”, según el consistorio, la próxima actuación será actualizar el Pla Cerdà porque es una zona con mucha contaminación ambiental (50 microgramos/m3 de media el año 2019, cuando la OMS recomienda no superar los 40 microgramos/m3), y porque acumula mucho tráfico de vehículos que quieren cruzar la ciudad. El nuevo proyecto quiere que los vecinos y vecinas del Eixample tengan una plaza o un eje verde a 200 metros como máximo.

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Según ha explicado el gobierno municipal en rueda de prensa, la hoja de ruta para los próximos diez años prevé transformar 21 calles en ejes verdes –calles pacificadas con más verde, espacio de juego y con preferencia para los peatones– y generar 21 nuevas plazas en los cruces. Estos 21 nuevos ejes verdes supondrán 33 km pacificados (tres veces la avenida Diagonal); las 21 plazas nuevas son 3,9 hectáreas y una de cada tres calles del Eixample será un eje verde.

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El consistorio invertirá 37,8 millones de euros en estas primeras transformaciones, de los cuales 32,8 serán para la ejecución de los ejes verdes y 5 para las plazas, y está previsto que las obras empiecen durante el primer trimestre de 2022.

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26.000 metres quadrats per a les persones a Sant Antoni

El barri de Sant Antoni recuperarà 26.000 metres quadrats per a les persones.

El 2019, els veïns i veïnes de Sant Antoni hauran recuperat 26.000 metres quadrats que ara es destinen als vehicles per a usos ciutadans.

És l’horitzó marcat al programa Superilles per a un dels barris més densos de la ciutat. S’implantara d’acord amb un procés de participació dut a terme amb el veïnat.

El primer pas és la transformació de la cruïlla dels carrers Comte de Borrell i Tamarit, en una gran plaça pública de més de 10.000 metres quadrats.

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Les actuacions prioritzaran els espais d’estada i de lleure, incrementant-ne el verd urbà enfront de la mobilitat privada. De fet, aquest és el criteri que regeix totes les intervencions que es duran a terme al barri.

Tal com ha assegurat la tinenta d’alcaldia d’Ecologia, Urbanisme i Mobilitat, Janet Sanz: “La ciutat exigeix una redistribució democràtica de l’espai disponible, reduint el trànsit dels vehicles més contaminants, per donar cobertura a les necessitats del veïnat”.

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El Mercat de Sant Antoni, una oportunitat per al barri.

La segona fase de la intervenció actuarà sobre els espais contigus a l’edifici del mercat, que també esdevindran places d’ús ciutadà amb una superfície total de 6.000 metres quadrats.

D’altra banda, el Mercat de Sant Antoni entra en els darrers sis mesos d’obres amb l’adequació dels entorns i la construcció de les marquesines que envoltaran l’edifici i que serviran de seu per al mercat dominical de llibres.

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Salvador Rueda: Las ‘superilles’ son el Plan Cerdà del siglo XX

Entrevista a Salvador Rueda, director de la Agencia de Ecología Urbana de Barcelona

Salvador Rueda dirige la Agencia de Ecología Urbana de Barcelona, desde donde ha ideado el proyecto de superilles que el Ayuntamiento pretende implantar en toda la ciudad. Rueda es licenciado en Biología y Psicología y está diplomado en Ingeniería Ambiental y Gestión Energética, estudios enfocados todos en el diseño de ciudades. El sistema de superilles lo diseñó hace 30 años y desde entonces lo ha ido desarrollando y mejorando. Es por ello que se le ve dolido con las críticas que recibe y habla emocionado de lo que pretende que suponga el cambio de modelo de la ciudad.
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¿Cómo se le ocurren las ‘superilles’?
En 1986 me nombraron técnico de medioambiente de Barcelona y en el 87 hicimos el mapa de ruido de la ciudad. Una vez hecho el diagnóstico teníamos que elaborar el plan para reducir el ruido. Nos dimos cuenta de que el ruido funciona con una ley que es todo o nada. Si pasan coches, está siempre por encima de los límites de comunicación, 65 decibelios. Esto implica que si tienes a una persona a un metro de distancia, la conversación es inteligible al 100% sin tener que levantar la voz cuando los niveles están por debajo de 65 decibelios. Para tener niveles aceptables de ruido debemos tener carriles vecinales. Entonces se me ocurrió que para gestionar esta variable se podían hacer unas vías por las que circulara el tránsito y liberar el máximo posible de espacio. Esta idea la plasmé en el primer plan. Estábamos en 1987, cuando el coche era el rey y todos los mensajes estaban ligados al crecimiento económico y la vinculación de la industria automovilística con el país. Ni estábamos ni estamos en contra de los coches. De lo que estamos en contra es de un uso inadecuado, abusivo e ineficiente del coche.Esto ha ido evolucionando. Entonces teníamos un handicap: no sabíamos qué podía representar una propuesta de este tipo porque no existían las herramientas informáticas que te permiten simular qué es lo que pasaría. Con un planteamiento de este tipo, la pregunta que te hacen es: ¿Quieres colapsarlo todo? Y ante la no respuesta, no hay solución.Después ha ido evolucionando. Monté esta Agencia, que es un consorcio público (formado por el Ayuntamiento, la Diputación y el Área Metropolitana), cuyo presupuesto se basa en un 15% de aportación de los consorciados y el resto de proyectos que hacemos alrededor del mundo. Con la Agencia hemos podido adquirir los ordenadores, que cada vez son más potentes, y los simuladores, que cada vez son más precisos. Ahora sabemos el nivel de funcionalidad de esa propuesta. Esto ha venido mediatizado porque el gobierno de Trias nos pidió que redactáramos el plan de movilidad de Barcelona. Este plan definió la estructura de movilidad para cambiar el modelo, que está basado en superilles, y está aprobado por el plenario del Ayuntamiento. Yo he ido trabajando, antes de la propuesta de este plan, en la concepción de las superilles, porque la superilla tiene una flexibilidad para los coches similar a la que tiene la manzana para los que van a pie. El tiempo que tardas en dar la vuelta a pie o coche es el mismo. Esto permite pasar de una situación, a la que no se tendría que haber llegado nunca, en la que el coche ocupa el 85% del espacio público, a reducirlo al 25%. El cambio es bestial.
¿Qué hace falta para ello?
Los modelos de simulación nos dicen que podemos pasar de la situación actual a la de las superilles con un 13% menos de coches. Quitando un 13% de coches liberas el 60% del espacio público. Un directivo de una ciudad china que vino a interesarse por nuestro plan, porque lo quieren desarrollar allí, me dijo: “usted no es un técnico, es un mago”. Parece magia, pero es fácil de entender. La estructura de las superilles, que comprenden espacios de 400 por 400 metros, es ortogonal. Ildefons Cerdà ya demostró que la ortogonalidad es la estructura más eficiente en la topología de redes.
De lo que estamos en contra es de un uso inadecuado, abusivo e ineficiente del coche
Cuando ideo la nueva red de autobuses, formadas por las ‘H’ y las ‘V’, el factor que mejora la velocidad de la red comercial es la propia red. No es que pongas carril bus. La red ortogonal permite aumentar 1,5 kilómetros por hora, mientras que el carril bus aporta 0,3 kilómetros por hora de más. Esto es conocimiento de la teoría de redes. Si no la conoces dices cosas que no sabes lo que son. Es lo que pasa últimamente, que hay mucho tertuliano, que habla sin conocimiento de causa. Está legitimado, pero se le ha de dar la importancia que tiene.
La propuesta que presenté era de reducir el 13%, pero el plan prevé reducir un 21%, no por el tráfico, sino por el nivel de contaminación de la ciudad. Si conseguimos reducir el 21% de los coches, el nivel de servicio que tendremos en la ciudad será mejor que el que hay hoy y saldrá ganando todo el mundo, porque habrá menos coches en las vías básicas. En las superilles puedes entrar, pero lo que se pretende es que no se atraviese. Lo que no tiene sentido es entrar si no tienes un destino dentro de la superilla. Y la velocidad se reduce a 10km/hora. A 30km/hora, de 100 accidentes con peatones cinco mueren. Por tanto, no dejaré jugar a mi hijo en la calle. La velocidad y no atravesar la superilla nos daría una ciudad radicalmente diferente.
¿Por qué cogen el Poblenou como banco de pruebas?
Empezamos en el Poblenou porque está confinado entre el río, la Ciutadella y la Diagonal. Aquí dentro hay 150.000 coches al día. Para que funcionen las superilles a la misma velocidad podríamos poner hasta 350.000 coches. Tenemos un margen de maniobra brutal. Podemos hacer mañana todas las superilles sin que pase nada.
Si lo hubiéramos hecho en el medio del Eixample hubiéramos tenido miles de problemas, porque al principio tienes que ensayar y los ensayos a la gente no le gusta. Hicimos pasar a los camiones de bomberos más grandes y ahora ya sabemos cómo pueden girar.

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Grupo de ciclistas en el interior de la superilla del Poblenou / P. A.

Por la Superilla del Poblenou pasa Pere IV, que lleva año y medio en obras. Antes los coches llegaban por la calle Almogàvers y giraban, pero en el momento que se cierra, se convierte en un callejón sin salida. Esto nos quitó presión. Ahora hay los mismos coches que había antes. El pequeño incremento es el que se ha dado en toda la ciudad, del 2%, ligado a que la crisis se está superando.

¿Para reducir el coche no se debería potenciar el transporte público?
La Superilla del Poblenou va acompañada de una nueva red de transporte público, la red ortogonal, de la que tengo el gran placer de haber concebido la primera propuesta. Si quieres hacer una plan como este has de dar una alternativa con transporte público de calidad. Eso significa montar una nueva red más eficiente que la que teníamos. También hay que montar una verdadera red de bicicletas eléctricas, que te permite superar pendientes. Con la red de autobuses y la bicicleta eléctrica damos la alternativa a la gente de Barcelona, porque los que entran y salen de la ciudad lo seguirán haciendo mientras no se pueda arreglar Rodalies, que se mejorará, porque es una red cuya última renovación la hizo Mercè Sala hace más de 30 años. El porcentaje de coches eliminados será de la gente de Barcelona. La alternativa se ha de poner sobre la mesa y el Ayuntamiento está haciendo los deberes.
Planteamos las superilles en dos fases: funcional y urbanística. La prueba piloto tendría que haber sido urbanística, con cambios de secciones, jardines, etc. Pero no hay dinero para hacer todas las superilles. En cambio, con poco dinero puedes hacerlas funcionales, reduciendo el espacio para los coches.
Pero muchos vecinos se quejan que no quieren que se les libere espacio de cemento. Quieren parques o césped. En el Poblenou, además, señalan que ya tienen parques y que no necesitan más.
Esto es una verdad a medias. No tienen tanto parque, tienen 170 hectáreas. Con el proyecto podrían tener 350 hectáreas. Podríamos incluso liberar la Diagonal y hacerla sin coches. Dicen que tienen muchos parques, pero tendrán muchos más. Los niveles de zona verde por habitante aquí son ridículos. Ahora toca la urbanización de los espacios liberados, con jardines, etc.

Propongo que en la calle Almogàvers, que es un callejón sin salida, se haga un corredor verde que uniría el río Besos con el Poblenou y la Ciutadella.

¿Te imaginas un carrer Almogàvers con huertos urbanos? Es posible y necesario, porque hay mucha gente mayor que quiere tocar la tierra. Es una medida preventiva de salud enorme. Está comprobado que la gente que tiene un huerto va un 90% de veces menos al médico. El problema es el dinero que cuesta esto, pero mientras no podemos equipar las superilles sí que podemos reducir el tráfico, los accidentes, contaminación, ruido… que es lo que la superilla del Poblenou nos propone.

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What New York Can Learn From Barcelona’s ‘Superblocks’

Barcelona’s ‘Superblocks’

Imagine if streets were for strolling, intersections were for playing and cars were almost never allowed.

While it sounds like a pedestrian’s daydream, and a driver’s nightmare, it is becoming a reality here in Spain’s second-largest city, a densely packed metropolis of 1.6 million on the Mediterranean. Ever since the 1992 Summer Olympics focused global attention here, this thriving center of tourism, culture and business — often viewed as a hipper, more easygoing cousin to Madrid, the Spanish capital — has seen its popularity soar along with congestion on its streets and sidewalks.

So in an initiative that has drawn international attention and represents a transformative remaking of its streetscape, Barcelona has decided that many of its car-clogged streets and intersections will hardly have cars at all. Instead, they will be turned over to pedestrians.

Beginning in September, city officials started creating a system of so-called superblocks across the city that will severely limit vehicles as a way to reduce traffic and air pollution, use public space more efficiently and essentially make neighborhoods more pleasant.

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An intersection in El Poblenou, a section of Barcelona, that was transformed into a playground with a soccer field and sandbox.CreditConfederación de Talleres de Proyectos de Arquitectura (Confederation of Workshops of Architecture Projects)

“We like to call it ‘winning back the streets for the people,’” said Janet Sanz Cid, a deputy mayor of the city. “People from Barcelona want to use the streets, but right now they can’t because they are occupied by cars.”

Under the plan, the superblocks will be overlaid on the existing street grid, each one consisting of as many as nine contiguous blocks. Within each superblock, streets and intersections will be largely closed to traffic and used as community spaces such as plazas, playgrounds and gardens. Ms. Sanz said that at least five superblocks were expected to be designated by 2018.

Barcelona’s system of superblocks — called “superilles” in Catalan — would go well beyond the pedestrian plazas that have sprouted up on the streets of New York City. While those spaces have carved out more room for pedestrians in busy corridors, the superblocks represent a more radical approach that fundamentally challenges the notion that streets even belong to cars.

The strategy has propelled Barcelona, a city better known for its soccer team and its Gaudí architecture, to the forefront of urban-transportation experiments and has attracted interest from transportation officials, urban planners and advocates in many other cities paralyzed by gridlock.

Claire Weisz, an urban designer at WXY, a Manhattan firm that redesigned the streets around Astor Place, said Barcelona’s superblock plan could be applied in New York to redefine streets as public spaces. “The vast majority of people living in our neighborhoods don’t have cars,” Ms. Weisz said. “Yet our streets are primarily used by cars, and we have a huge need for safe places to walk and bike.”

Barcelona’s plan will redirect cars, buses and commercial vehicles to streets along the perimeter of each superblock, though local residents will still be able to drive their cars at reduced speeds and park in designated areas. Deliveries will be allowed at less congested times.

But as Barcelona officials have acknowledged, introducing the superblocks will not be as easy as simply changing the rules. To be widely accepted, the plan will require a cultural shift in the way people view and use the streets.

The first of the new superblocks received a mixed reaction when it was unveiled recently in El Poblenou, a former industrial area that has been redeveloped with low-income housing and offices for technology companies. Though many residents saw the benefits of the superblock, some complained that they were not given enough time or explanation before it was put in place. Businesses have also expressed concerns that it could interfere with their work by, among other things, restricting when they can load and unload goods.

To inaugurate the superblock, architecture professors and students have worked with local associations of residents and businesses to come up with alternative uses for the street space. One intersection, using tires and recycled materials, was transformed into a playground with a soccer field and sandbox.

Marta Louro, 40, a teacher who lives next to an intersection, said the superblock would make streets safer and reduce pollution. “It gives priority to the pedestrian,” she said. “I believe it’s very important that people have space.”

But others have expressed concerns that they will have to walk farther to a bus stop, or will have a harder time using their cars or finding parking. “It’s not a bad idea,” said Oriol Sanchez, 25, a waiter who drives to work. “But for me, it’s a problem for my car.”

Visitación Soria, 78, said the superblock would not be embraced by everyone. “People like their cars,” she said. “People are already saying there’s a problem finding parking, and this will make it worse.”

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The plan for a superblock in the El Poblenou district.CreditDaniel Etter for The New York Times/Asier Eguilaz

No matter the merits, the debate over what a modern urban streetscape should look like, how it should function and whom it should serve has grown increasingly clamorous around the world. In New York City, whose population is at a record high of 8.5 million residents, conflicts among pedestrians, cyclists and motorists have drawn attention to busy corridors. Transportation officials have recently takensteps to expand the overtaxed promenade on the Brooklyn Bridge.

Polly Trottenberg, the city’s transportation commissioner, said that 53 pedestrian plazas had been built, in Times Square and other parts of the city, since 2007, and that another 20 plazas were under construction. In all, these plazas will total 27 acres, roughly the equivalent of 20 football fields, Ms. Trottenberg said. “It’s not an insignificant amount of space that we’ve wrestled back from the automobile,” she said.

Ms. Trottenberg said she was aware of Barcelona’s superblocks plan and would consider applying the concept in New York — if not the name. In urban planning circles, the term “superblock” has been used to refer to sprawling public housing projects in American cities. “We’re certainly formalizing things that are close to that concept,” she said. “There are a lot of different models, and there’s not a one-size-fits-all.”

The city tried a one-day “Shared Streets” test in August that promoted recreational use of a 60-block area of Lower Manhattan. The speed limit was reduced to 5 miles per hour, and people were encouraged to take to the streets alongside cars. The program was intended to expand on another initiative, “Summer Streets,” in which a section of Park Avenue south of 72nd Street and all of Lafayette Street were closed to vehicles on three August Saturdays.

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Superblocks

A sustainable strategy for regenerating the city.

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(Image by Ajuntament de Barcelona)

 

Superilles, or Superblocks in English, is a project designed by Barcelona City Council in collaboration with the Urban Ecology Agency that aims to foster sustainable mobility, the intensive use of public spaces, biodiversity, social cohesion involving the participation of the general public, a reduced ecological footprint and, in short, which enhances the human dimension of the city. This will all be achieved by promoting a new type of urban organisation in five macro-areas specially chosen for the experiment.
What is a superblock?
This is a territorial unit that is smaller than a neighbourhood but bigger than a residential block, with calm streets where urban planning and environmental activities are held. Compact, efficient areas, that have a positive effect on the life of Barcelona residents and which are also self-sufficient in terms of energy consumption. The aim is to improve the quality of life and conditions for local residents, by rationally managing natural resources and public spaces, through the active participation of everyone involved and by fighting inequality and social exclusion.
What is going on in these superblocks?

  1. More sustainable mobility: by integrating the new Orthogonal Bus Network and Bicing in accordance with Barcelona’s Urban Mobility Plan, encouraging journeys on foot and by bicycle and improving the distribution of goods, in order to reduce both noise levels and emissions.
  2. Revitalising public areas: by making the streets quieter, increasing the number of recreational areas and promoting new uses for these places.
  3. Fostering biodiversity and urban vegetation: by improving the trees in the streets, favouring microhabitats in order to attract birds and increasing the amount of urban vegetation by creating new community areas
  4. Fostering the city’s social fabric and promoting cohesion: by guaranteeing appropriate local facilities, encouraging productive activities that create jobs and working for social inclusion.
  5. Promoting self-sufficiency in the use of resources: by reducing consumption, producing renewable energy, decreasing the demand for drinking water and making better use of greywater and river water.
  6. Integrating governance processes: by involving the general public when defining projects and developing actions.

The five superblocks have been sketched out in Les Corts, Hostafrancs, Eixample, Poblenou and in the area around Glòries.
The Les Corts superblock is one which has progressed the furthest. The zone is delimited by Travessera de Les Corts, Gran via de Carles III, Avinguda de Madrid and Riera Blanca. In this area, work has already been carried out on public spaces, with micro-urbanisation around Carrer de Benavent. The finishing touches are also being made to a crossroads that uses smart traffic lights.
The other superblocks are located in Hostafrancs (delimited by Carrer de Tarragona, Creu Coberta – Sants and Sants railway station), the Eixample (the area between the streets of París, Tarradelles/Tarragona, Gran Via and Urgell/Calabria), the new Plaça de les Glòries (the streets of Aragó, Castillejos, Tànger and Badajoz-Independència), and Poblenou (the area delimited by the streets of Bilbao, Pallars, Llacuna, Tànger and Avinguda Diagonal).

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